Para los Inuit –a quienes la mayoría de nosotros conocemos como
esquimales-, el oso polar, “Nanuk”, es su pieza de caza más preciada, lo
consideran “sabio, poderoso, casi hombre”. Ahora, este carismático animal es
una de las víctimas más famosas del cambio climático global. Los osos polares
son los mamíferos más grandes del círculo polar ártico. Aunque se desconoce con
precisión cuántos de ellos existen en la actualidad, diversos estudios calculan
que entre 20 mil y 25 mil habitan las tierras más boreales de Canadá, Alaska,
Groenlandia, Noruega y Rusia. Tan sólo en Canadá se calcula que vive el 60% del
total de los osos polares. Durante los años sesenta y principios de los setenta,
la mayor amenaza para estos osos fue la cacería, hasta que en 1973 se frenó
como resultado de la firma, en Oslo, Noruega, del Acuerdo Internacional para la
Conservación del Oso Polar. Actualmente, aunque los osos se han quitado de
encima a los cazadores, tienen al calentamiento global como la mayor amenaza
para su supervivencia. Para los osos polares las plataformas de hielo son
indispensables para obtener su alimento, reproducirse y establecer sus
madrigueras. En ellas cazan a las focas anilladas y barbadas que constituyen
los principales elementos de su dieta, aunque también pueden alimentarse de ballenas
blancas y morsas. Sin embargo, conforme las temperaturas del Ártico han
aumentado en las últimas décadas, las plataformas de hielo se han adelgazado y
disminuido su extensión: tan sólo en el verano de 2008 se calcula que la
pérdida de hielo fue casi equivalente al 90% de la superficie de México. Con la
pérdida del hielo a los osos se les dificulta cazar su alimento, por lo que no
acumulan suficientes reservas de grasa para el invierno, sufren de desnutrición
y, más grave aún, no pueden alimentar adecuadamente a sus crías, todo lo cual
se traduce en una mayor mortalidad. Los científicos calculan que por este
motivo, la población de osos del oeste de la Bahía de Hudson, en Canadá, ha disminuido
22% desde el inicio de los años ochenta. En otros casos, la desaparición del
hielo ha obligado a estos buenos nadadores a hacerse a la mar en la búsqueda de
plataformas de hielo donde cazar. Sin embargo, las distancias pueden ser tan
grandes que los animales se ahogan antes de encontrar una nueva plataforma.
Actualmente, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza
(UICN) considera que de las 19 poblaciones de osos polares existentes, cinco de
ellas se están reduciendo, cinco se encuentran estables, dos crecen y de las
restantes siete no se tienen datos suficientes para establecer su estado. Sin
embargo, de seguir aumentando el calentamiento del Ártico, tal vez el oso polar
no pueda sobrevivir. Los pronósticos sugieren que en los próximos cincuenta
años el hielo en el verano se reducirá en 60%. Aunque los animales han migrado
hacia las zonas firmes del continente, quedan dudas acerca de si serán capaces
de cambiar sus hábitos alimenticios en función de sus posibles nuevos hábitats.

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